Legado milenario Julia “Butterfly” y la secuoya “Luna”

“Me adentré en el bosque y por primera vez experimenté lo que significa de verdad estar vivo. Entendí que yo formaba parte de aquello”.

Julia “Butterfly”

Julia

Cuando me topé con esta historia me conmovió hasta las lágrimas y es que estos últimos años, estoy experimentando de otra manera lo que llamo “los medios de expresión de la naturaleza” las plantas, entre ellas los árboles, desde que leí su historia la tuve presente en cada visita que hacia al campo (chacra) ahora al ver un árbol de pacay, mango o de cualquier otro árbol ya no es lo mismo, después de leer su historia…

Corría el año 1996 y Julia Butterfly”, denominada así por su gusto por las mariposas, era una joven de una familia sencilla que estudiaba empresariado. Sin embargo, ese año sufrió un accidente automovilístico, y en el contexto de su recuperación fue que descubrió el parque nacional de Grizzly Creek Redwoods, en California.

La fascinación de Julia por el bosque y sus secuoyas gigantes fue total. De acuerdo a sus palabras, “Me adentré en el bosque y por primera vez experimenté lo que significa de verdad estar vivo. Entendí que yo formaba parte de aquello”.

Sin embargo, a los pocos días la alegría y sorpresa de Julia se convirtió en pena y confusión. Se enteró que la compañía Pacific Lumber pretendía destruir 60 mil hectáreas de esos bosques, truncando así no sólo la vida de las milenarias secuoyas, sino también de la diversa flora y fauna que habitaba en ellas.

Ante esta situación la joven estudiante decidió acercarse al movimiento ecológico Earth First y ofrecer su ayuda en la defensa del parque.

Fue así que a fines de 1997, Earth First, como estrategia de protección del bosque, le propuso custodiar un árbol, de modo que la empresa no pudiera arrasar con él. El compromiso fue que la tarea sería sólo por dos semanas, tiempo luego del cuál acudiría como relevo otro voluntario. Julia aceptó en seguida, y así fue cómo comenzó su historia arriba de “Luna”, nombre con el que bautizó a la enorme Secuoya.

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Pero las cosas, para bien o para mal, no salen siempre como uno planifica. Fue así como pasaron las dos semanas estipuladas y el relevo no llegó. En un comienzo Julia pensó que si ello ocurría, bajaría, pero luego de ver la forma en que la empresa operaba al talar y destruir el bosque, decidió seguir ahí, protegiendo a los árboles y en especial a Luna.

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Abrazada a la secuoya y próxima a la rendición, escuchó “la voz de la luna” recordándole que “sólo las ramas que son rígidas se rompen”. Abandonó entonces el apoyo estable para agarrar la inmadurez y flexibilidad de las verdes ramas más jóvenes que fueron las que, a la postre, resistieron el embate de los fuertes vientos y con ello salvaron la vida de Julia.

Pero lo peor estaba por llegar. En el invierno de 1998 una impresionante tormenta de más de dos semanas estuvo a punto de separar a Julia de “Luna”. Vientos racheados querían acabar con luna y empujar a Julia hacia el vacío. Abrazada a la secuoya y próxima a la rendición, escuchó “la voz de luna” recordándole que “sólo las ramas que son rígidas se rompen”Abandonó entonces el apoyo estable para agarrar la inmadurez y flexibilidad de las verdes ramas más jóvenes que fueron las que, a la postre, resistieron el embate de los fuertes vientos y con ello salvaron la vida de Julia.

Salvarse de esa tormenta supuso un cambio de actitud. Julia se deshizo del arnés y de los zapatos y se fundió con su entorno alcanzando su apogeo espiritual. No iba a volver a vivir con miedo. Una importante dolencia de origen vírico en los riñones la encaró de manera simbiótica, medicándose con extractos de plantas cercanas suministradas por su equipo. Conocía cada insecto, cada rincón de Luna y esto le permitió encarar con certeza y ventaja psicológica la negociación con los deforestadores que dejaron por entonces de llamarla “eco-terrorista”.

Hoy en día Julia sigue al frente de un importante grupo ecologista y activista. Ayudó a crear la ONG Circle of Life”, participando regularmente en muchos de los “Tree-Sit” fecundados con su hazaña y desperdigados por todos los rincones del planeta verde. Contó su experiencia en la copa de Luna en el Libro “El legado de Luna” impreso en papel reciclado y bajo el sello de tolerancia ecológica “SmartWood Certified“.

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Su historia es más simple que la de una heroicidad, es la historia de amor entre un árbol y una mujer y el legado milenario de las secuoyas y en general de todos los árboles que habitan en la naturaleza.

Breve historia en el siguiente video:

Nosotros somos parte de la madre tierra, de la naturaleza y solo algunos logran conectarse a ella, espero que esta historia te inspire, gracias por leer y gracias también por tus comentarios.

La información que motivo el presente post lo encuentras en los siguientes enlaces:

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Acerca de Paola Córdova

Promoviendo SALUD, respeto por la NATURALEZA e ideas para el HOGAR...
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